Categorías
Meditación del día

«Al que poco se le perdona, poco ama»

Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; mas aquel a quien se le perdona poco, poco amaY a ella le dijo: Tus pecados te son perdonados. 

                                                                                      Lucas 7:47-48

Imaginemos por un momento la escena que contextualiza nuestro pasaje elegido para hoy. Jesús, sentado a la mesa y en casa de un fariseo (que confía en la ley para ser salvo y poco o nada de gracia) e irrumpe una «mujer pecadora» (conocida públicamente como inmoral) «y trajo un frasco de alabastro con perfume; y estando detrás de él a sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas sus pies, y los enjugaba con sus cabellos; y besaba sus pies, y los ungía con el perfume«. El fariseo anfitrión pensó de Jesús: «si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es pecadora» Porque los Fariseos poco o ningún contacto tenían con mujeres y mucho menos con esta reputación. Dañarían casi que irreparablemente la suya como estaba dañando con esta acción esta mujer (de dos en conducta) la de Jesús (bajo su punto de vista).

Y es aquí donde Jesús (quien conocía el legalismo de su anfitrión) les cuenta la parábola de los «dos deudores» (dos pecadores) Uno debía más que el otro y a juntos el acreedor (Dios) les perdonó la deuda y lanza la pregunta «¿cuál de ellos le amará más? » y la respuesta es obvia «al que más le perdonó”. Y se apresura a aplicar la moraleja de la parábola propuesta a las circunstancias de la mujer pecadora y el fariseo la cual es resumida en nuestros versículos de Hoy.

Hay una directa proporción entre lo que un pecador es consciente le fue perdonado y su amor expresado en gratitud, así como servicio a Dios.

El problema del poco amor hacia nuestro común y divino Salvador radica en que nos concentramos en el pecado de otros, lo que les falta de santificación, mayormente si son pecados groseros (abiertos, externos, evidentes y mayormente condenados socialmente) como lujuria, robo, maledicencia, ira etc. En cambio, de hacer una introspección (revisión de sí mismo) y buscar en nosotros aquellos pecados, que si bien no son tan vistosos son peores, si se me permite el término, o igual de ofensivos delante de Dios tales como codicia (el pecado más común a todos los creyentes) avaricia, celos amargos, odio, no perdón, prejuicio, acepción de personas y el mayor de ellos y que más identifica al mal (Satanás) el orgullo; creerse mejor o «menos peor» que el otro. Un idólatra de su reputación.

La mujer de este pasaje, poco o nada le importa su reputación (ya no tiene que perder) solo sabe de la inmundicia que su Salvador la ha sacado. Consciente de su maldad está «constreñida» (obligada, precisada, compelida) de amor hacia Jesús que se expresa en gratitud y adoración incomparables. A tal punto que el Divino Maestro dijo de ella «Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; más aquel a quien se le perdona poco, poco amaY a ella le dijo: Tus pecados te son perdonados.«

Una segunda parte de nuestra meditación nos debe mostrar que el perdón de Dios no es algo que se recibe de manera «autómata» sino que está precedido de una profunda, y evidente «convicción» (de ser convicto o acusado) de pecado por parte vuestra. Mientras piense que su deuda (con Dios por su maldad) es menor, o leve o menos grave el perdón le será denegado. Dios no perdona gente buena o «medio buena» como ente caso parece verse así mismo el Fariseo… Dios perdonó, está perdonando y perdonara solo gente consciente de su estado de «depravación total» de la que la Escritura dice:” Desde la planta del pie hasta la cabeza no hay en él cosa sana, sino herida, hinchazón y podrida llaga; no están curadas, ni vendadas, ni suavizadas con aceite» y eso somos los pecadores. No imagino a un leproso jactándose ante otro leproso que sus llagas supuran menos. Pero suele suceder.

Hoy terminaré mi meditación con solo una pregunta ¿Cuánto ama a Usted a Cristo?

 

 

Una respuesta a ««Al que poco se le perdona, poco ama»»

Es una gran derrota que el señor hizo a Satanás el día que me rescató y me perdonó. A través de él y su palabra pido me permita seguir siendo despojada de mirar mi lepra mejor que la del otro, que esta carne pecaminosa se sujete y aprenda a amarlo más a él, para perdonar a mi prójimo sin olvidar de donde me saco y quién me ha hido limpiando mi lepra con amor.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *