Entonces dijo Natán a David: Tú eres aquel hombre. Así ha dicho Jehová, Dios de Israel
2a Samuel 12:7a
En un mundo que promueve «las libertades individuales» que en la mayoría de las ocasiones no es más que un slogan que otorga «licencia para pecar» y no para hacer lo bueno, lo justo, lo que agrada a Dios. Con una iglesia «nominal» (Por definición: que solamente existe de nombre, pero no es en realidad lo que ese nombre designa) que en lo general es permeada no solo por este slogan, sino lamentablemente sobre edificada con «heno y hojarasca» con mensajes antropocéntricos que «rinden culto a la personalidad» pero no en realidad a Cristo y su evangelio. Iglesias locales integradas por presuntos «miembros» (pues casi siempre solo asistentes sin supervisión) los cuales están acostumbrados a reunirse donde «se sientan bien».
En un ambiente así, la amonestación (advertir o prevenir), la exhortación (que incluye llamar la atención y a la vez consolar) al hermano en pecado es considerada una ofensa. Un tecnicismo legalista innecesario ya que para eso está el Espíritu Santo (arguyen). Eso no es lo que la Biblia enseña y manda. Y lo que acontece en el contexto de nuestra proposición bíblica para hoy ejemplariza perfectamente aquello de que «todos necesitamos un Natán».
David había adulterado con Betsabé y la dejó embarazada, y para cubrir su pecado, el monarca mandó al frente de batalla al esposo (Hurias heteo, quien ignoraba todo esto) a fin de que lo mataran y así ocurrió. Por meses David ocultó su pecado hasta que apareció un valiente (el rey había podido quitarle la vida), verdadero amigo (el que te dice la verdad) y fiel hermano (profeta de Dios y siervo del rey) llamado Natán. A continuación, veremos las razones, manera y resultados de la exhortación:
Primero: Es Dios quien nos manda a hacerlo: «Jehová envió a Natán a David;»
Dios ama a sus escogidos, aun en los momentos más sórdidos (miserable-sucio) y abominables de su vida. Natán obedece el mandato, sabe que viene de Dios y que es su deber hacerlo.
Segundo: La manera como aborda al hermano en si pecado es importante “Y vino uno de camino al hombre rico; y este no quiso tomar de sus ovejas y de sus vacas, para guisar para el caminante que había venido a él, sino que tomó la oveja de aquel hombre pobre, y la preparó para aquel que había venido a él«.
Natán ilustro con una parábola las circunstancias a fin de hacer entrar en razón al endurecido pecador David. Dios sabe que el diablo «oscurece el consejo». Jesús mismo apelo a muchas parábolas, metáforas etc. para exhortar a sus apóstoles y discípulos.
Tercero: Señala directa y claramente al rey como culpable “Tu eres aquel hombre»
Natán no se quedó en meras figuras literarias, pues ante la reacción de David que no dudó en condenar a muerte al hombre perverso de la parábola, le dijo a David que había pecado, no solo contra Betsabé (ella estaba bajo su autoridad y gobierno) y Urías heteo (constituyéndose un criminal) sino directamente contra Dios.
Cuarto: Le muestra la razón que le llevó a «deslizarse» hasta caer tan bajo «¿Por qué, pues, tuviste en poco la palabra de Jehová, haciendo lo malo delante de sus ojos?»
Al igual que Adán y Eva en el Edén la caída inicia cuando tomamos en poco las advertencias de Dios, sus preceptos y promesas tanto positivas como negativas. dicho de otra forma, cuando nos alejamos de su Palabra, no solo de leerla y meditarla (esto es básico) sino obedecerla.
Quinto: Le aclara que el pecado no se queda nunca sin consecuencias. «Por lo cual ahora no se apartará jamás de tu casa la espada, …Mas por cuanto con este asunto hiciste blasfemar a los enemigos de Jehová, el hijo que te ha nacido ciertamente morirá.
Dios ama su honra, y sus hijos hemos de honrarle, Por cuanto es la reputación y la Gloria de Dios la que está en juego, Dios, Por eso en Hebreos se nos dice:
«Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, Ni desmayes cuando eres reprendido por él; Porque el Señor al que ama, disciplina, Y azota a todo el que recibe por hijo. Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos.»
la disciplina es uno de los tres pilares de una iglesia verdadera, los otros son una enseñanza absolutamente veraz, por tanto, bíblicas, del Evangelio y una cuidadosa administración de las ordenanzas (bautismo y santa cena) dijo Juan Calvino.
Sexto: El resultado ante el reconocimiento del pecado es sin duda perdón, restauración y restitución: “Entonces dijo David a Natán: Pequé contra Jehová. Y Natán dijo a David: También Jehová ha remitido tu pecado; no morirás«.
Lo que busca la exhortación no es difamar, ni destruir, ni estigmatizar al miembro que peca, notemos que David y Natán estaban solos; sino, en palabras de Jesús, «ganar al hermano». Y a pecado confesado pecado perdonado, y a pecado perdonado pecado olvidado. David no solo lo reconoció ante Natán (su amoroso amonestador) sino ante Dios (léase Salmo 51).
Hay una porción Bíblica que refrenda esta labor esencial en la iglesia para mantenerla saludable que incluye principios a aplicar en esta gloriosa y amorosa labor:
«Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado«.
Ojalá fuéramos un Natán, sin duda estamos llamados a serlo. Pero lo que es absoluto y sin lugar a duda es que, hermanos. Todos necesitamos un Natán.
