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Meditación del día

¡Un virus mortal en la iglesia de nuestros días!

Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscenciasy apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas

                                                                               2a Timoteo 4.3-4

Hay una enfermedad en la iglesia, manifiesta desde los primeros siglos, y que hoy es pandemia que mata millares de «cristianos». Es un virus espiritual (metafóricamente hablando) que Pablo advirtió a Timoteo diezmaría literalmente las congregaciones fieles al Evangelio Bíblico.

Preguntas de diagnóstico: ¿Alguna vez ha querido salir corriendo cuando el fiel predicador expone las Escrituras? ¿Rechaza porciones enteras de la Santa Palabra de Dios solo porque le sacan de su confort? ¿Constantemente está en desacuerdo con el predicador a pesar de que lo que expuso es fiel a la verdad bíblica (y Usted los sabe)?

Permítame advertirle que vivimos tiempos de apostasía (es la negación, la renuncia o la abjuración de la fe); y ella empieza con este virus. Pablo describe su principal característica: «y apartarán de la verdad el oído» Son cuatro los síntomas de este mal:

Sufrir la sana doctrina… El primer síntoma tiene como base anechó que es la palabra griega traducida como sufrir, pero además significa, tolerar, soportar, tenerle paciencia. Pablo dice a Timoteo que se mostrarán impacientes ante la exposición bíblica. La centralidad de la cruz, el mensaje Cristo céntrico que implica negación de sí mismo, arrepentimiento continuo, amar al hermano, no dejar de congregarse como algunos tienen por costumbre, poner la otra mejilla, sujetarse a sus pastores, ser miembro y edificar y contribuir con la iglesia local etc. un constante rechazo a lo corporativo, son evidencias que el virus le ha alcanzado.

Comezón de oír… Su segundo síntoma es una curiosidad interminable, un insaciable deseo de variedad; sienten el cosquilleo en sus oídos con el lenguaje y el acento de la persona, abandonando al buen y fiel predicador por un buen orador, pues del primero perciben que les ofende (Y es que el Evangelio tiene esa característica: ofender el orgullo humano).

Les preocupa más la forma que el contenido. Cualquier disculpa es válida para salir corriendo de la iglesia bíblica, porque quieren oír lo que quieren oír, No lo que Dios les quiere y tiene que decir.

Conforme a sus propias concupiscencias…En otras palabras quieren reunirse y oír aquello que coincide con sus lujurias, sus concupiscencias ya sea promiscuidad, insujecion a las autoridades por Dios establecidas (anarquía), hipercrítica, que eleven su autoestima y ojalá sea un sitio donde recibe «reconocimiento» pues aman la «gloria de hombres» eso predican sus maestros. Esto nos recuerda que los maestros más populares no son necesariamente los maestros más fieles. No deberíamos asumir que un maestro solamente está quitando la comezón de oír, sólo porque es popular, pero tampoco debemos asumir que es fiel a la Palabra de Dios sólo porque es popular.

Y se volverán a las Fábulas…Una vez que las personas dejan la Palabra de Dios, a menudo comienzan a aceptar fantasías fantásticas. Cuando un hombre rechaza la verdad de Dios, no es que no crea en nada; sino que creerá cualquier cosa. Pablo los describe finalmente así: «de las cuales cosas desviándose algunos, se apartaron a vana palabrería, queriendo ser doctores de la ley, sin entender ni lo que hablan ni lo que afirman«. 

Si está experimentando alguno de estos síntomas y pertenece a una Iglesia Bíblica corra y pida que oren por Usted, busque consejería Bíblica. Si no, arrepiéntase y pídale al Espíritu Santo que lo lleve de vuelta a la verdad y regrese a la Iglesia donde la verdad es bíblicamente expuesta.

Si no tiene ninguno de estos síntomas por favor Glorifique a Dios y guárdese del contagio.  Es «un virus mortal en la iglesia de nuestros días».

 

 

 

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