Categorías
Meditación del día

Temores que espantan

Porque el temor que me espantaba me ha venido, Y me ha acontecido lo que yo temía.

                                                                                            Job 3.25

Hay una diferencia muy grande entre «vivir en el temor de Dios» y vivir lleno de miedo y temores. Lo primero es sin duda fe genuina, lo segundo es vivir en angustia y depresión lo cual es propio del incrédulo.

El gran predicador de la Inglaterra victoriana, Charles Spurgeon, describe una de esas épocas de su propia vida: “Había estado acostado en mi sofá durante la última semana, y mi ánimo estaba tan hundido que podía llorar por horas como un niño. y, sin embargo, no sabía por qué lloraba – pero una cosa muy pequeña me conmovería hasta las lágrimas en este momento – y un amigo amable me estaba hablando de una pobre anciana que vivía cerca, que sufría un dolor muy grande, y sin embargo estaba llena de alegría y regocijo. Me sentí tan angustiado al escuchar esa historia, y me sentí tan avergonzado de mí mismo, que no supe qué hacer; preguntándome por qué debería estar en tal estado como este; mientras que esta pobre mujer, que tenía un cáncer terrible y estaba en la agonía más espantosa, no obstante, podía ‘gozarse con gozo inefable y lleno de gloria’”. (Charles Spurgeon, La tristeza y el regocijo del cristiano)

Job conocía la providencia de Dios y sabía que « Jehová dio, Jehová quitó» y, nosotros, bajo esta perspectiva, sabemos que todos los hombres estamos sujetos a esta Gloriosa y a su vez «misteriosa providencia».

Cualquier cosa puede sucedernos de parte de Dios, como a José (vendido por sus hermanos), Ezequiel (le fue quitada la mujer de su vida), David (Absalón su hijo, se levantó contra él, y murió en el intento), Jonathan Edwards (lo mató la vacuna de la viruela) o como John Allen Chau (misionero que murió a flechazos tras intentar contactar con la tribu de los sentineleses), David Wilkerson (murió en accidente de tránsito) o lo que a cada santo a los largo de la historia de la iglesia.

Pablo dice que… «Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese, sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría«. Las pruebas van a venir.

Sin embargo, la fe genuina confía en Dios por encima de toda circunstancia. Notemos que este mismo hombre (Job) ante la calamidad declara «He aquí, aunque él me matare, en él esperaré;» Y es que a pesar de lo que las circunstancias digan, por difíciles que puedan verse en lo porvenir; esta Fe divina, (otorgada por Dios), sabe que el final siempre será Glorioso para su Dios y para sí.

¿Que podría haber peor que la muerte? sin embargo, este mismo Dios, en su Hijo divino, se hizo hombre y «murió por pecadores y resucitó al tercer día»…  Con el propósito de “librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre«. El hombre de Fe, y eso era Job, en condiciones de extrema dificultad levanta su voz y afirma…»Yo sé que mi Redentor vive, Y al fin se levantará sobre el polvo; Y después de deshecha esta mi piel, En mi carne he de ver a Dios; Al cual veré por mí mismo, Y mis ojos lo verán, y no otro, Aunque mi corazón desfallece dentro de mí«.

Peor que la muerte es el «juicio de Dios» pero la «fe divina» recuerda a nuestro corazón que «En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor”. Más el amor de Dios «abunda en nuestros corazones» porque por su gracia y misericordia hemos sido perfeccionados en Cristo. Y esto llena nuestro entendimiento «para que tengamos confianza en el día del juicio«.

Haz a vuestro corazón entender lo que Pablo sabía y lo llevó a declarar… » Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro«

Venga de una vez a Cristo y reconcíliese con Él, ponga en Él toda su confianza pidiéndole que, lo libre de esos, sus temores que espantan.

 

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *