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¡Purificados por amor de su nombre!

Por amor de mi nombre diferiré mi ira, y para alabanza mía la reprimiré para no destruirte. He aquí te he purificado, y no como a plata; te he escogido en horno de aflicción. Por mí, por amor de mí mismo lo haré, para que no sea amancillado mi nombre, y mi honra no la daré a otro.

                                                                                   Isaías 48:9-10

Dios ama de tal manera a su pueblo escogido que lo compara con el oro. El oro, para ser liberado de metales menores e impurezas es colocado sobre un crisol, ubica el crisol sobre una superficie a prueba de fuego. Aplica un soplete de acetileno sobre el oro. Apunta la flama hasta que el oro esté completamente derretido. Usando esta comparación El Señor nos indica cual es la causa de la mayoría de nuestras aflicciones: Nuestra Santificación.

Recuerdo a una hermana dominicana ( esposa de un piadoso y conocido predicador) quien sufre graves dolencias en su salud, explicarle a mi esposa su condición en estas palabras: Dios me está purificando.  En el caso de Israel las evidencias indicaban su rebeldía abierta y obstinada contra El Señor. Pero creanme, todos en alguna medida somos rebeldes con nuestro Dios. En el menos grave de los casos «un rebelde pasivo»; pero rebelde al fin.

A pesar de los anterior, hay cuatro razones, por las cuales Dios no le ha destruido a Usted ni a mi y la primera de ellas es Su PACTO de GRACIA sellado con la sangre de Cristo y juramentado por El mismo.  Jesús dijo a su divino Padre «de los que me diste no perdí ninguno» y Pablo con esto en mente declara que nada «nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro» a esto se refiere cuando Dios  dice «por amor de mi nombre«.

En segundo lugar, por esta gracia que nos ha hecho objeto de su misericordia  es que afirma «Por amor de mi nombre referiré mi ira, y para alabanza mía la reprimiré para no destruirte» … en otras palabras, se contuvo para descargar más bien todo su furor en la cruz contra su propio Hijo y descargar todo el poder de su amor sobre nosotros los que creemos.Y ese amor incluye reprensión y trato por nuestras rebeliones  que aún manifestamos  contra El.. «Porque el Señor al que ama, disciplina,Y azota a todo el que recibe por hijo.Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina

En tercer lugar, debido a que El es Santo, ordena «sed santos como Dios es santo» ya que «sin santidad nadie vera a Dios«, por lo cual,  solo «los limpios de corazón» alcanzarán ese objetivo. Y El Espíritu Santo (el perfeccionador) apela regularmente al fuego ( la prueba) para «purificar nuestros corazones»

La cuarta razón y la más importante es que fuimos redimidos para …»La  alabanza de la gloria de su Gracia… para la alabanza de su Gloria» dice la carta de los efesios. Y como quiera que Dios es celoso de su honra y buen nombre pide que nuestra vida le honre. El habló por medio de Malaquías diciendo : «El hijo honra al padre, y el siervo a su señor. Si, pues, soy yo padre, ¿dónde está mi honra? Y si soy señor, ¿dónde está mi temor?«. Y El mismo trata con nosotros para que ese objetivo se cumpla absolutamente,; es por eso que afirma  «Por mí, por amor de mí mismo lo haré, para que no sea amancillado mi nombre, y mi honra no la daré a otro.»

Cada vez que nos hallemos  «en horno de aflicción» hemos de  recordar esto: estamos siendo… ¡Purificados por amor de su nombre!

 

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