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Meditación del día

«Un corazón como agua»

Y los de Hai mataron de ellos a unos treinta y seis hombres, y los siguieron desde la puerta hasta Sebarim, y los derrotaron en la bajada; por lo cual el corazón del pueblo desfalleció y vino a ser como agua.

                                                                                          Josué 7:5

Hai fue la ciudad que durante la conquista de la tierra prometida Josué jamás olvidaría. Batalla tras batalla Israel prevalecía porque «Jehová estaba con ellos» pero Acam hurto un manto babilónico, y doscientos ciclos de plata, y un lingote de oro de peso de cincuenta ciclos el cual codició y tomó y lo escondió bajo la tierra en medio de su tienda, lo cual había sido prohibido por el Señor pues lo consideraba anatema (maldición) y una afrenta contra su Gloria.

Josué hasta este instante lo ignoraba, pero al ver que el que «el corazón del pueblo desfallecía y vino a ser como agua» consultó al Señor y fue quien le declaró que su poder conquistador había sido retraído hasta que Israel viniera al arrepentimiento. Así que Josué, luego de investigar y hallar al culpable y su casa, los juzgo y «todos los Israelitas los apedrearon y los quemaron después de apedrearlos. Inmediatamente Dios les dio la victoria sobre esta ciudad tristemente recordada.

Debemos meditar en lo dicho por Pablo a los Corintios «Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos» Hoy debemos reflexionar al menos estas cuatro cosas:

Que, un solo pecado tuyo,  hermano(a), puede afectar vuestra familia, vuestra comunidad local y en general el cuerpo de Cristo, que es su iglesia; así como el pecado de Acam afectó a todo el pueblo de Israel.

Que, de ninguna manera, Dios va a prosperar saludablemente a quienes permanecen en sus pecados y que su favor sólo revivirá cuando vengan al arrepentimiento ya que «el que confiesa y se aparta alcanzará misericordia»

Que, en la batalla espiritual, los enemigos de Dios y  de nuestras almas sólo pueden prevalecer  cuando le hemos dado la espalda a Dios. Esta fue la razón por la cual los valientes guerreros Israelitas ahora están acobardados «Y subieron allá del pueblo como tres mil hombres, los cuales huyeron delante de los de Hai. Y los de Hai mataron de ellos a unos treinta y seis hombres, y los siguieron desde la puerta hasta Sebarim, y los derrotaron en la bajada» Pero a nosotros Dios «no nos dio espíritu de cobardía, sino de poder, amor y dominio propio» si es que permanecemos en integridad con El.

Que sólo el pecado puede convertir un «corazón de diamante» (como el del profeta Ezequiel) en un «corazón como agua” desfallecido en medio de la batalla de la Fe. Acobardado y que huye ante la adversidad.

¿Por qué has desfallecido? ¿Por qué no prevaleces? Consulta a tu Señor como lo hizo Josué; probablemente hallarás bajo la tienda de tu corazón anatema, y obedece a Pablo quien señala: «porque si vivís conforme a la carne, moriréis; más si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios«.

Si haces esto, «el gozo de tu salvación» te será devuelto, te pondrás toda «la armadura de Dios” y al final podrás decir «He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe.» ¡ALELUYA!

 

 

 

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