Busqué a Jehová, y él me oyó, Y me libró de todos mis temores.
Salmo 34:4
Recuerdo aquella escena de mi niñez como si fuera hoy, un hombre bajo y delgado era imprecado (agredido) por un corpulento hombre quien amenazaba con golpearlo. Ante la provocación y el riesgo de recibir daño la palidez cubría el semblante del menudo (pequeño) hombre, estaba como paralizado cuando una anciana mujer que observaba la escena lo tomó de un brazo y le susurró al oído “hágase el loco” y márchese. En otras palabras, no permita que su arrogancia le lleve a airarse sino ignore el insulto y váyase, aunque parezca cobardía. Y así lo hizo, librándose de una paliza.
Al leer el Salmo 34 debemos recordar que este fue escrito por el Rey David en la cueva de Adulam (probablemente) donde terminó luego de su vertiginosa carrera para huir de Saúl y buscar refugio tontamente entre los filisteos.
David “fue a Aquis rey de Gat” (Abimelec era el título que recibía como gobernante). Que terrible que en medio de la adversidad y por falta de cordura el creyente corra a buscar ayuda metiéndose en la misma “boca del lobo” pues “los siervos de Aquis le dijeron: ¿No es éste David, el rey de la tierra? ¿no es éste de quien cantaban en las danzas, diciendo: ¿Hirió Saúl a sus miles, Y David a sus diez miles?” Aludiendo a que David era quien había decapitado a su paladín Goliat. Al oír estas palabras, probablemente, como el menudo hombre de mi anécdota, David empalideció “y tuvo gran temor de Aquis rey de Gat.”
Mi madre tenía un dicho para ciertas ocasiones: “Salimos de guatemala y nos metemos en guatepeor”. Este era el caso de David y como respuesta “cambió su manera de comportarse delante de ellos, y se fingió loco entre ellos, y escribía en las portadas de las puertas, y dejaba correr la saliva por su barba.”
El gran matador de gigantes como llegó a ser conocido el Rey David está en una situación de vida o muerte y se humilló así mismo, no importándole su reputación de gran guerrero y literalmente “se hizo el loco”. A tal grado fue su actuación que persuadió al pérfido monarca quien literalmente exclamo: “He aquí, veis que este hombre es demente; ¿por qué lo habéis traído a mí? ¿Acaso me faltan locos, para que hayáis traído a éste que hiciese de loco delante de mí? ¿Había de entrar éste en mi casa?” Y huyó a la cueva de Adulam.
Hasta aquí parece que el consejo de la anciana de anécdota es de vieja data y aplicable aún entre los impíos, pero eso sería perder la perspectiva. Recordemos por lo menos cinco cosas que necesitamos saber o recordar:
Primero: El Dios soberano quiso revelar su reino en la historia de Israel, donde el reinaría, en la tierra de Canan, sobre su pueblo escogido y mediante la ley de Moisés. Pero recordemos que el pueblo “desechó a Dios” y pidió un rey de entre los hombres siendo ungido para ello Saúl quien por su impiedad sería desechado y al que Samuel dijo: “Mas ahora tu reino no será duradero. Jehová se ha buscado un varón conforme a su corazón, al cual Jehová ha designado para que sea príncipe sobre su pueblo, por cuanto tú no has guardado lo que Jehová te mandó por Dios quien había ungido a uno “conforme a su corazón: este David a quien Samuel ungió”. Por lo tanto, David era el ungido de Dios. Aunque actuará como un tonto.
Segundo: Puede que haya actuado como un tonto, pero no fue tan tonto como para descuidar el elogio de quien era su única sabiduría verdadera, Dios. Puede que se haya estado escondiendo en una cueva lúgubre, pero este salmo nos dice que su corazón estaba escondido en el Señor pues inicia con Alabanza para El, leamos los versos que preceden a nuestro texto para hoy:
“Bendeciré a Jehová en todo tiempo; Su alabanza estará de continuo en mi boca. En Jehová se gloriará mi alma; Lo oirán los mansos, y se alegrarán. Engrandeced a Jehová conmigo, Y exaltemos a una su nombre”.
A diferencia del impío pequeño hombre de mi introducción, este era un creyente, un adorador, que, guiado providencialmente por El Espíritu Santo, menospreció su renombre y salvaguardó su vida porque aún en esto se cumple que “a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” aún sus peores reacciones, las más débiles, estas pueden ser usadas por Dios para preservarlos.
Tercero: Busqué a Jehová, es lo que dice David que hacía mientras fingía su locura. El verdadero creyente puede que no responda acertada y coherentemente a todas las circunstancias difíciles, pero sí ha entendido lo dicho por Pablo a los Tesalonicenses “orad sin cesar” es decir en todo tiempo, en todo lugar, a toda hora, en cualquier circunstancia. Fingía estar loco, pero en su corazón clamaba a Dios.
Cuarto: y él me oyó. No fue, su inteligencia y capacidad histriónica (actoral) y así lo entiende el Rey David. Cuantas veces somos librados de circunstancias terribles y lo atribuimos a nuestra sagacidad o prudencia. Pero David conocía que su Señor, por pura gracia siempre estaba a su lado por eso expresa en este salmo “Los ojos de Jehová están sobre los justos, Y atentos sus oídos al clamor de ellos” y sabía que su Dios (nuestro Señor) no es un espectador pasivo, sino que es “dulce refugio” de sus escogidos y “torre fuerte” para ellos, para usted querido hermano como para mí; y no duda en afirmar “El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, Y los defiende.”
La reacción de Abimelec no fue fortuita o casual pues “el corazón del rey está en la mano de Jehová y todo lo que quiere lo inclina” Dios libro a David de la mano de sus verdugos.
Quinto: Y me libró de todos mis temores, A diferencia de lo que podamos ver humanamente hablando. Quizás un acto de cobardía, o estupidez en su actuar David lo expresa como un acto de valor. Se asustó, se amedrentó, se llenó de temores, pero la unción del Espíritu Santo le indicó que no todas las batallas se ganan dándolas de la misma manera. Que a veces hay que “hacerse el loco y orar”. David lo repite así “Este pobre clamó, y le oyó Jehová, Y lo libró de todas sus angustias” La angustia suele obnubilarnos (ofuscar, turbar, confundir, oscurecer la razón) pero el “clamor a Dios” trae claridad a nuestro corazón y nos guía en cómo proceder “Los que miraron a él fueron alumbrados, Y sus rostros no fueron avergonzados”
Ignoro cual son las circunstancias peligrosas que Usted está enfrentando o enfrentará hoy, pero por favor siga el consejo bíblico ¡Hágase el loco y clama al Señor!

