Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; Romanos 5:3-4
A fin, de no perder la perspectiva debemos tomar en cuenta que este mensaje está inmerso en una porción bíblica dirigida solo para creyentes, “para los justificados por la fe” por lo cual están a cuentas, “tienen paz para con Dios”. Y, por tanto, han entrado al ámbito de la Gracia, a disfrutar, vivir, experimentar y ser beneficiados por Dios.
La palabra clave para nuestra meditación es “prueba” que viene del griego dokime que en una traducción más dinámica significa al menos tres cosas a saber: experiencia, aprobación o como lo traduce la Biblia de las Américas “carácter aprobado”.
Querido(a) hermano(a) la teología bíblica muestra que Dios desde el mismo Edén y al crear al hombre no le dejaría disfrutar de la plenitud de sus bendiciones hasta que no fuera madurado, de allí que fuera probado en el Edén y se hallara reprobado. También nos muestra que Dios en su plan redentivo no se relaciona con el hombre sino de manera pactual (mediante pacto) y que en todas las cosas estos hombres debían ser probados. En otras palabras, llevados a la madurez a fin cumplir apropiadamente el propósito divino.
Así que, todos aquellos que han entrado en el pacto de Gracia por medio de Cristo con Jesús deben ser probados para ser llevados a la madurez espiritual.
Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, …
Esta es la razón por la que Pablo describe con semejante júbilo las tribulaciones o aflicciones, estamos dentro del pacto y vamos hacia la madurez, hacia la perfección Aleluya. El apóstol Pedro lo expresa así: “En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas,”
De niño a adulto. Espiritualmente hablando, al igual que Adán en el edén era un niño que no estaba listo para el conocimiento del bien y del mal; de la misma manera que un pequeño de cinco años no está listo para entender la intimidad marital de sus padres así los creyentes, nacimos de nuevo y como niños somos llevados por el Espíritu Santo hacia la adultez a fin de que podamos comprender y comprobar “lo que es agradable a Dios”
Pedro vuelve a decir “desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación,” Muchos de los obstáculos que Pablo halla en la iglesia de Corinto están relacionados con esto, les dice: “De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo”. Por ello les dice más adelante en primera carta “Hermanos, no seáis niños en el modo de pensar, sino sed niños en la malicia, pero maduros en el modo de pensar”. Y sin duda, esto no vendrá sin prueba.
Jesús, el segundo Adán, no fue la excepción, el nació niño (sin pecado) pero “crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres”. Y el autor de hebreos añade: “Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia;”
sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza;
Así que, Pablo, en nuestro texto para hoy, nos está diciendo que el camino hacia la madurez conlleva indefectiblemente momentos de prueba, tribulación, aflicción. La traducción Biblia de las Américas dice así: “y la paciencia, carácter probado; y el carácter probado, esperanza” En otras palabras un carácter semejante al de Cristo. Vale la pena definir qué el carácter de Dios es definido por su atributos o perfecciones.
Con esto en mente es que Pablo le dice a Timoteo que al elegir “ancianos” o pastores u obispos; no elijan inmaduros en la fe. Leamos: “no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo” No un Niño en Cristo, un hombre cuyo carácter no ha sido madurado.
Queridos, hay muchas bendiciones que aún están por venir para vuestras vidas en Cristo, pero Dios antes de darlas (según su eterna sabiduría) ha de “probarnos” como el oro se prueba al fuego. Pero la mayor de estas bendiciones es conformarnos a la imagen de su Hijo Jesucristo. Esa es la cúspide de la madurez…
Gloriémonos en las tribulaciones estamos alcanzando un carácter aprobado. Semejantes a Cristo hemos de ser Aleluya.

