Él levanta del polvo al pobre,Y del muladar exalta al menesteroso,Para hacerle sentarse con príncipes y heredar un sitio de honor.Porque de Jehová son las columnas de la tierra,Y él afirmó sobre ellas el mundo.
1a Samuel 2:8
La Biblia nos revela a Dios, su carácter y sus asombrosas, magníficas, grandiosas (por decir menos) obras. Quedamos literalmente pasmados a leer sobre la creación, el terrible diluvio universal, su poder para destruir a Sodoma y Gomorra, las plagas de Egipto, como abrió el mar ante Moisés, la lluvia de codornices, el mana, su fuego consumidor en tiempo de Elías, sus milagros de sanidad tanto en el Antiguo como Nuevo testamento. Pero poco o casi nada (por así decirlo) reflexionamos y mucho menos nos extasiamos en su obra de nuestra salvación.
Ana, mujer estéril, quien por largo tiempo derramó su alma delante de Jehová para que le concediese un hijo, ha concebido y alumbrado al Profeta y Juez Samuel y tal como le prometió a Dios ha venido a consagrar al niño para que le sirva con un cántico de gratitud (inspirado) lleno declaraciones gloriosas sobre Dios y su misericordia.
Hay inmerso, en esta tremenda doxología (alabanza a Dios), un verso que describe un aspecto de lo que Cristo hizo al salvarnos. Y dentro de este, quizás la más reveladora (en mi humilde opinión) que dice que al creyente, literalmente ( para ser más exacto, como lo probaré), lo «Levantó del estiércol» una forma literaria que muestra lo asqueroso que es para Dios no solo nuestra naturaleza pecaminosa, sino nuestras «excreciones» (acciones pecaminosas) y la absoluta imposibilidad humana de hacerse así mismo algo provechoso, agradable a Dios, pues por esta descripción no sólo es inútil, sino que es absolutamente abominable, fétido ( me quedo corto, créame) a un Dios absolutamente, limpio, puro, sin ninguna suciedad. Santo, santo, santo. Y eso éramos Usted (si es creyente) y yo. Y todos los escogidos de Dios.
Él levanta del polvo al pobre...
Levantar viene del hebreo קוּם(koom) hacer surgir, brotar, suscitar. Así que no está hablando que podría darse de manera natural (no en este contexto). Jesús ilustra esto diciendo: «No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos.» en palabras de mi madre «no podemos pedir peras al olmo» pero Dios sí puede hacerlo, y, lo hace. De la nada (…pobre…) él lo hizo todo (creatio ex nihilo).Pero en nuestro texto dice que del estiércol Dios puede hacer que broten príncipes. Algo totalmente impensable. Para mayor comprensión veamos la definición de brotar: nacer, germinar, aparecer, emerger, manar, manifestarse, salir, surgir, florecer, aflorar
Pobre siempre ha sido la descripción espiritual del pecador. No solo es pobre sino absolutamente inservible en relación a Dios y su carácter, «desechable» por así decirlo. Algo (alguien) para tirar al botadero (sheol) porque no solo no es beneficioso sino dañino y contagioso. Parte del estercolero.
Y del muladar exalta al menesteroso
La palabra muladar viene del hebreo אַשְׁפּוֹת (ashpoth) que también traduce, estiércol (excremento animal o humano), o un montón de desperdicio. Esta, aunque nos cueste aceptarlo, es la condición del ser humano caído. Está sumergido (muerto) en sus inmundicias (delitos y pecados) y la segunda persona de la trinidad (Cristo), absolutamente pura y limpia, «descendió a los lugares más bajos«; a la cloaca llamada «este mundo» y en su «humillación» no solo hizo esto sino que «llevó sobre si» todas nuestras putrefacciones, y aunque las abominaba, lo hizo por amor a la Gloria de su Padre y al pueblo que Él le dio (la iglesia).
Para hacerle sentarse con príncipes y heredar un sitio de honor….
Cuando las cañerías (por donde corren las «aguas sucias» o puercas) que tiene la ciudad se tapan, en muchas ocasiones hay obreros que se sumergen en ellas para lograr su cometido, volviendo a los dichos de mi madre «alguien tiene que hacer el trabajo sucio». Ponderando la ilustración, Jesús vestido de santidad y haciéndose así mismo siervo, se sumergió para no solo rescatarnos, sino para lavarnos, desinfectarnos, purificarnos, sino que además transformarnos en «príncipes» que se sientan a la mesa del GRAN REY.
Cuanto poder desplegado, cuánta gracia llevarnos a este honor, honor que asombra, que obnubila, que conmueve hasta el éxtasis: De boñiga a «reyes y sacerdotes» De estiércol a «Hijos de Dios» De excremento a «Nación Santa” De porquería a «pueblo de Dios que manifiesta sus virtudes» Aleluya, asómbrese, este es el mayor despliegue de los atributos divinos. En la cruz desplegó su santidad inaccesible, su ira, su justicia, su amor, su misericordia, su eterno perdón. También su abominación contra la fetidez del pecado y su gracia por «sus mugriento elegidos». Y finalizar desplegando su poder en la resurrección y ascenso y exaltación eterna de su Hijo, quien se había hecho cosa execrable para poder redimirnos.
¿Por qué describiría la biblia nuestra salvación en estas maneras y particularmente de esta odiosa forma? sin duda, para que veamos la Grandeza de «la Gloria de su Gracia» No, El no solo puede hacer de «piedras adoradoras», también,» EL levanta príncipes del estercolero». Así que podemos gritar a los soberbios como Ana en su cántico basta ya a «las palabras de grandeza y altanería, cesen las palabras arrogantes de vuestra boca» no sois más que eso estiércol y recordarnos, a nosotros mismos, que somos el mayor de los milagros «brotes de estercolero»


Una respuesta a ««BROTES DE ESTERCOLERO» …somos»
Amén