Escribe al ángel de la iglesia en Sardis: El que tiene los siete espíritus de Dios, y las siete estrellas, dice esto: Yo conozco tus obras, que tienes nombre de que vives, y estás muerto.
Apocalipsis 3:1
Cuando Cristo habla a esta iglesia se auto describe como el dueño y poseedor de la Iglesia (siete estrellas) que observa a todos y cada uno de los que la componen (siete espíritus) y Jesús tiene la plenitud del Espíritu de Dios en sí mismo, y también tiene al Espíritu Santo en plenitud para darlo a la iglesia. Así que el conoce no solo cada iglesia local, sino a Usted y a mí, querido hermano.
Todos los hombres nacieron, en pecado, con la imagen de Dios destrozada, enemigos de Él por naturaleza, pero, a pesar de ello, con una inclinación innata (esencial) a adorar, lo que sea, pero adorar. Jesus lo dijo a la Samaritana “Ustedes adoran lo que no saben” y Pablo a los griegos, los adoradores del “Dios desconocido”. Por tanto ¡Que en la iglesia cristiana haya “muertos que doran” no debería tomarnos por sorpresa! Es Jesús quien lo dice.
Yo conozco tus obras, …
Lo que una iglesia es, y lo que una iglesia hace nunca está oculto al Señor. repito, la iglesia somos los creyentes, Usted y yo. Y si bien, esta porción está dirigida a una iglesia local, habla de aquellos que la componen.
Para empezar, la fe que “algunos presumen” tener, puede ser falsa. Cuando Pablo le manda a Timoteo a reprender a los que creen y enseñan falsas doctrinas le da la razón de esta orden… “Pues el propósito de este mandamiento es el amor nacido de corazón limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida,” …en otras palabras en la Iglesia puede haber, paradójicamente “impíos piadosos”. Incrédulos que cumplen las liturgias y ordenanzas (bíblicas) pero sus vidas y prácticas cotidianas (fuera del culto corporativo) son impías.
No importa cuánto se esmere el liderazgo por dar a conocer la verdad, estas personas no cambian, pues no debemos olvidar que el impío es también conocido en las Escrituras como “hombre natural” y este puede fingir, y engañar e incluso auto engañarse pues “…el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.”
…que tienes nombre de que vives, y estás muerto…
No es la primera vez que Jesús lo menciona, ya lo había hecho cuando “encarnado” vino a habitar en este “valle de sombra y de muerte” que todo creyente debe recorrer. Lo hizo como respuesta a la objeción que le da un hombre ante su llamado a que le siguiera… “permíteme que vaya primero y entierre a mi padre. Jesús le dijo: Sígueme; deja que los muertos entierren a sus muertos”. En su divina visión, el Mesías observa que este mundo está repleto de lo que yo llamaría “muertos vivientes”
El pueblo judío era religioso por excelencia, pero eso no lo hacía salvo. A los ojos de Jesús, como judío que fue, su nación (Israel) conocía las Escrituras, las leían diariamente, guardaban ceremonialmente la ley, pero estaban muertos. Pablo les recuerda esto a sus coterráneos en su carta a los Romanos “He aquí, tú tienes el sobrenombre de judío, y te apoyas en la ley, y te glorías en Dios …Tú que te jactas de la ley, ¿con infracción de la ley deshonras a Dios? Porque como está escrito, el nombre de Dios es blasfemado entre los gentiles por causa de vosotros.” O sea, “muertos vivientes”. Jesús ya les había dicho a los Zelotes (otra secta compuesta por “muertos vivientes”) que el verdadero Dios … no es Dios de muertos sino de vivos…
Judas también detectó esta realidad dentro las iglesias y en su carta los describe así:“Éstos son manchas en vuestros ágapes, que comiendo impúdicamente con vosotros se apacientan a sí mismos; nubes sin agua, llevadas de acá para allá por los vientos; árboles otoñales, sin fruto, dos veces muertos y desarraigados; fieras ondas del mar, que espuman su propia vergüenza; estrellas errantes, para las cuales está reservada eternamente la oscuridad de las tinieblas”.
“Pero ¿qué se hará con tales personas que viven en la iglesia, pero están fuera; ¿que tienen nombre de estar vivos, pero están muertos? ¿Qué se hará con los simples maestros que no viven lo que enseñan? ¿Qué habrá de ser de aquellos que son religiosos en la apariencia externa, pero por dentro viven en la hiel de la de amargura? Contestamos, de la misma manera que lo hizo el buen Calvino:
“Ellos andarán en la oscuridad, pues no son dignos”. Ellos andarán en la oscuridad —la oscuridad de la destrucción de Dios. Ellos andarán en la oscuridad —la oscuridad de una angustia incomparable. Ellos andarán en la oscuridad —la oscuridad de una desesperación sin esperanza. Ellos andarán en la oscuridad —la oscuridad de la condenación. Ellos andarán en la oscuridad por siempre, porque fueron hallados indignos». (Spurgeon) [Tomado de EnduringWord]
A Pesar de esto hay esperanza en este mensaje para Sardis (y para ti y para mi)
Sé vigilante, y afirma las otras cosas que están para morir; porque no he hallado tus obras perfectas delante de Dios. Acuérdate, pues, de lo que has recibido y oído; y guárdalo, y arrepiéntete. Pues si no velas, vendré sobre ti como ladrón, y no sabrás a qué hora vendré sobre ti.
La confianza excesiva de “seguridad” Pablo la derrumbó cuando dijo: “Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga.” Vigilar y orar. Volver a recordar el “viejo evangelio” de pecado, cruz y Salvación. Y venir al arrepentimiento. O el juicio vendrá (sin lugar a duda. Cristo es quien lo prometió y lo hará)
…Pero tienes unas pocas personas en Sardis que no han manchado sus vestiduras; y andarán conmigo en vestiduras blancas, porque son dignas.
La Iglesia de Sardis en su conjunto era una vergüenza, pero siempre hay “un remanente” reservado por la Gracia de Dios. Quiera el Señor que Usted y yo pertenézcamos a este. A mí, por mi parte, como Josué, en tiempos de la restauración, me han sido cambiadas mis vestiduras viles por “ropas de Gala” sin; embargo, aún no soy lo que debiera ser y me mantengo en continuo arrepentimiento y fe; en esto consiste la espera en medio de la “batalla”. Esa debe ser nuestra actitud querido hermano.
“El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles”.
Barclay dijo “En el mundo antiguo las guardaban un registro de sus ciudadanos, y cuando un hombre moría, su nombre era quitado del registro. (También ocurre hoy en la registraduría de mi país) El Cristo resucitado está diciendo que, si deseamos permanecer en el libro (Si es que estamos inscritos), como ciudadanos de Dios, debemos de mantener la llama de nuestra fe viva”
Así que no está diciendo Jesús que el libro de los Salvos este lleno de borrones el día final, sino más bien que, verifiquemos, nos examinemos, si realmente pertenecemos al “reino de los vivos”. Si en realidad estamos inscrito en el libro de la vida o en el de “los difuntos” (impíos). Y la Iglesia nominal (visible) de nuestros días, lo digo con tristeza, y temor y temblor está llena de ¡muertos que adoran!
Que Dios traiga salvación y resurrección espiritual Amén, amén, amén.
