Caminó, pues, Enoc con Dios, y desapareció, porque le llevó Dios
Génesis 5:24
Para comprender los asombroso de este hecho que narra la Biblia debemos recordar el contexto y su mensaje en este capítulo cinco de Génesis.
En primer lugar, narra no toda la descendencia de Adán quien engendró muchos más “hijos e hijas” sino que destaca la línea mesiánica, por medio de “un hijo a su imagen y semejanza llamado Set”. Una línea de hombres justos, sabios y santos, pero por el pecado sujetos a muerte. Ninguno de ellos fue la simiente prometida, pero apuntaban hacia ella: Cristo Jesús.
En segundo lugar, ocho veces se repite la frase “y murió” de tal manera que hay una relevante nota de Gracia en nuestro texto para hoy. Todos murieron, pero este Enoc (el Justo) no. En hebreos dice que “Por la fe Enoc fue traspuesto para no ver muerte, y no fue hallado, porque lo traspuso Dios; y antes que fuese traspuesto, tuvo testimonio de haber agradado a Dios”. Un rapto especial apuntando a nuestros días. Una evidencia de que la muerte para los justos no es el fin sino el comienzo.
En tercer lugar, este Enoc, «caminó con Dios«, en dulce comunión, en amistad gloriosa por trescientos setenta y cinco años y fue tal su amistad que siguió caminando hacia la morada eterna. O mejor “se lo llevó Dios”.
En cuarto lugar, la gran cantidad de años que vivió cada uno de estos hombres a fin de cumplir el propósito divino, pero mayormente como una manifestación grandiosa de la Gracia divina que dice que “Dios es tardo a la ira y pronto a la misericordia” y que había diferido el tiempo para darle a la humanidad de entonces mayor oportunidad de arrepentimiento pues el fin (el diluvio) se aproximaba. Novecientos setenta y nueve años vivió Matusalén el padre de Noé quien fuera el “pregonero de justicia”, el Evangelista pre diluviano.
En quinto lugar, el Justo Enoc era profeta según lo describe Judas en su carta. Todo indica que su labor fue profetizar a su generación el juicio venidero, y llamarlos al arrepentimiento y Judas nos dice que no solo lo hizo para su época sino para la humanidad de nuestros días “De éstos también profetizó Enoc, séptimo desde Adán, diciendo: “He aquí, vino el Señor con sus santas decenas de millares, para hacer juicio contra todos, y dejar convictos a todos los impíos de todas sus obras impías que han hecho impíamente, y de todas las cosas duras que los pecadores impíos han hablado contra él”
“Caminó, pues, Enoc con Dios» Era íntimo con Dios. Aplicado a hoy, no solo era un creyente con una vida de la oración y meditación en la palabra supra abundantes, sino que dependía absolutamente de Él. Implica además que procuro vivir en santificación continua, en integridad no meramente para impresionar a los hombres sino como de “de parte de Dios y delante de Dios”
“Y desapareció, porque le llevó Dios” No dice que se fue con Dios, sino que Dios en su Gracia y misericordia se lo llevó. Por el gran amor con que lo amo. ¿No hay acaso aquí una ilustración de la iglesia verdadera?
¿No halla Usted aquí un mensaje de esperanza eterna? Pues, así como Enoc vivió previo al juicio inminente, los creyentes hoy vivimos ante el mayor despliegue de maldad jamás visto y que empeorará sin duda.
¿No se siente advertido por Dios? Pues Jesús mismo dijo de estos, nuestros días, “y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará. Más el que persevere hasta el fin, éste será salvo”.
¿No se siente animado y retado por Enoc? Pues la perseverancia del cristiano está asociada con su unión con Cristo y por ende su comunión con El que asegura vivir a su lado para siempre.
De seguro Cristo va a regresar y nos ha dicho “En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis”. Por favor asegúrese de estar caminando con Dios.

