Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti.
Lucas 15.17-18
En la parábola del «Hijo pródigo» Jesús habla de un joven (el menor de los dos hijos ) quien, osadamente, pidió a su Padre la parte que le correspondía como herencia (aun en vida de su progenitor) para, literalmente, despilfarrarla en placeres mundanos hasta quedar en la condición más paupérrima imaginable. En esta parábola, El padre es Dios y el hijo, cualquiera de sus escogidos quien habiendo recibido «las arras de su herencia» (El Espíritu Santo) y todas las «riquezas en Gloria«, que Cristo ganó para nosotros los que creemos, decide volver al mundo guiado por sus pasiones, obnubilado por el pecado, abandonando su familia y sobre todo alejándose de su Padre.
Una de las nefastas obras del pecado en la vida de un creyente es trastocar su entendimiento. Pablo habla de este estado de «embrutecimiento», por así decirlo, al describir el estado de los impíos a los Corintios ya que algunos mostraban evidencias de éste en sus vidas diciéndoles…»Y si todavía nuestro evangelio está velado, para los que se pierden está velado, en los cuales el dios de este mundo ha cegado el entendimiento de los incrédulos, para que no vean el resplandor del evangelio de la gloria de Cristo, que es la imagen de Dios«.
Algunos de los creyentes en éfeso probablemente evidenciaban este estado y Pablo en su oración pide «para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos«. Usted, como yo, querido hermano(a) ha recibido riquezas de Dios, no con el fin que las utilice en lo que Santiago negativamente llama «vuestros deleites» sino para fructificar para el «reino de los cielos» y darle ganancia a su Señor.
En muchas ocasiones vio Dios este estado de desvarío espiritual en su Pueblo Israel y lo reprendió diciendole «¿Así pagáis a Jehová, Pueblo loco e ignorante? ¿No es él tu padre que te creó? Él te hizo y te estableció.»
Regresando a la parábola de hoy, este joven hijo, habiendo enloquecido debido al pecado y alejándose de Dios su Padre, estando en condición de casi ninguna capacidad de reaccionar, fue sin duda reavivado por El Espíritu Santo quien le devolvió la lucidez.
Y «volviendo en sí» que no es más que otra forma de decir «volviendo a pensar«, pues como ya dijimos el pecado anula la facultad de razonar correcta y santamente, (su efecto es como el vino al ebrio que lo lleva a «la disolución» y por eso Pablo recomienda que mas bien «seamos henchidos del Espíritu Santo); «Volviendo en sí» o entrando en razón, pudo ver su propia condición y la bondad de su Padre y decidió regresar a Él y a su hogar alegrando al Padre y disfrutando los beneficios de la comunión con El.
Hoy mi oración es que el Espíritu Santo os reavive y ordene a vuestro corazón «Vuelve en ti» y regreses a la comunión de tu Padre.

