Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros.
Filipenses 2.3-4.
Hay dos fuerzas de la iniquidad que luchan en nuestros miembros cada día buscando reinar en nuestros corazones la Egolatría ( admiración excesiva de sí mismo) y que conlleva a la segunda que es la vanagloria (la condición de quien tiene un orgullo que carece de base o fundamento – ‘un orgullo vacío, barato, vano). Estas dos obras de la carne suelen pasar desapercibidas pero hace mucho daño a los demás, en el circulos cercanos, en la redes sociales y particularmente en nuestra iglesia local.
Pablo, dirigiéndose a la iglesia en Filipos, indica que la primera parte de la batalla contra estas consiste en que probemos y verifiquemos las motivaciones que impulsan lo que hacemos, ya en lo familiar, ya en lo profesional, ya en lo académico, y/o especialmente en nuestro quehacer eclesial. Las motivaciones se hallan en nuestros pensamientos e intenciones y solo un auto examen riguroso a la luz de las Santas Escrituras puede mostrarnos el estado de nuestro corazones «Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón«.
Por ejemplo Judas pretendía seguir fielmente al divino maestro y mostraba dolor por los pobres pero en realidad su motivación era la codicia, finalmente robó el dinero de la ofrenda y vendió a Jesús. De la misma manera estos dos pecados mencionados a los Filipenses provienen de padre de todos los demás «el orgullo»que se originó en Satanás quien se creyó superior incluso a Dios y deseo abominable exaltación y reconocimiento. Quiere la gloria que solo al Señor le corresponde se la den a él… «Yo Jehová; este es mi nombre; y a otro no daré mi gloria,»
Y la segunda y más importante manera de combatir ese fétido (olor que es percibido por los que nos rodean) sentido de que todo gira alrededor nuestro y que todo es exclusivamente nuestro; es este: Al la luz de las Escrituras mirar a Cristo e imitarlo «Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.
El Salvador, quien tenía (aún tiene) de qué jactarse pues era (sigue siendo) nada menos que Dios, no solo no lo estimo, sino que, asumió una actitud de inferior ( no siéndolo) ante los demás y se vistió, por así decirlo de benevolente sirviente. ¿Pero nosotros de que podemos jactarnos?
Nuestra condición real querido(a) hermano(a) es de absoluta miseria espiritual, reos de muerte declarados «absueltos» por la gracia divina, tan pecadores como nuestros hermanos y en algunos casos peores ( ese es el mio). Nada de lo que hoy somos y podemos hacer bueno lo debemos a nuestras virtudes o méritos. Pablo se lo recordó a los arrogantes corintios «Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo.» y les hizo esta pregunta humillante » Porque ¿quién te distingue? ¿o qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido?».
Para terminar nuestro texto del dia el apóstol recomienda «no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros.» En otras palabras, quizás (espero no sea el caso) estemos mirando con desdén (indiferencia y desprecio) a los hermanos en la Fe olvidamos que «somos un cuerpo» interdependiente cuya cabeza es Cristo y que nos nutrimos uno del otro. Sus dones, virtudes, generosidades y amor nos sostienen.
Humillemonos como Cristo y recibamos la exhortación … «Nada hagáis por contienda o por vanagloria;«
